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Entrevista en Radio Euskadi

Esta noche (miércoles 19 de julio) sobre las 00.30 me entrevistarán en Radio Euskadi, junto a Pilar Tejera, organizadora del I Concurso de Relatos de Mujeres Viajeras y a Amaya Gonzalo, finalista (al igual que yo) de dicho concurso.

Será en el programa “La noche despierta”, y se puede escuchar por internet: http://www.eitb.com/radio/radio-euskadi/

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El oficio de escribir

Del libro “Las pequeñas virtudes”, de Natalia Ginzburg

Cuando escribo algo, suelo pensar que es muy importante y que yo soy una gran escritora. Creo que a todos les ocurre igual. Pero hay un rinconcito de mi alma donde sé muy bien y siempre lo que soy, es decir, una escritora pequeña, muy pequeña. Juro que lo sé. Pero no me importa mucho. […] Prefiero creer que nadie ha sido nunca como yo, por pequeña escritora que yo sea, aunque como escritora sea una pulga o un mosquito. Lo que sí es importante, en cambio, es tener la convicción de que es justamente un oficio, una profesión, algo que se hará toda la vida.

Teoría de los practicantes y los escritores

Teoría de mi madre, en conversación telefónica:

“Claro, a la gente que se dedica a esto de las revistas, los libros y los papeles les parece que todo lo que hacen está muy bien y que cuesta mucho hacerlo y por eso quieren luego sacarlo por todas partes y que lo lean todos, pero también al que pone inyecciones le debe de parecer que sus inyecciones son muy buenas y no por eso las va poniendo por ahí a todo el mundo”.

Le dije a mi madre que si me decía frases tan buenas no tendría más remedio que escribir sobre ellas. Le horrorizó la idea, tanto como una inyección mal puesta.

* En mi casa, de toda la vida, ha habido médicos, enfermeras y practicantes. El practicante en concreto sólo ponía inyecciones y venía a casa para eso. He pensado que hace mil años que no utilizo esta palabra. Por si acaso la he buscado en el diccionario y ahí está:  Persona que en los hospitales hace las curas o administra a los enfermos las medicinas ordenadas por el facultativo de visita”

De mar a mar

Nuevo Tamaño Nuria, publicado en la Bitacora Todas:

http://www.entretodas.net/2009/07/11/de-mar-a-mar/

Viajes por la memoria

Resulta que hace poco se me ocurrió presentarme a un concurso de relatos de viajes y he terminado siendo finalista, por lo que mi relato se publicará en un libro (yo lo que quería de verdad era ganar el tercer premio, que eran unas botas de monte y una mochila Panama Jack). La organizadora del asunto me preguntó por mail si yo era una viajera y si me interesaba colaborar en el portal Mujeres Viajeras. Le contesté que no, que yo sólo era periodista. El caso es que con todo esto me he puesto a pensar en mis viajes anteriores, en las personas que encontré en ellos. Incluso he revisado ciertos posts que en su día borré de uno de mis blogs (aunque guardé en el disco duro). Me he encontrado una historia que parece que no haya vivido yo, que sea una película. El último de esos posts decía: “Pero no debo ceder a la nostalgia de una memoria que a veces pienso que me estoy inventado”.

Y el primero de ellos escrito a mi vuelta a Barcelona terminaba así: “Quiero mi vida aquí y ahora. No quiero volver a cruzar océanos.” Sólo ahora, con mi guapa, puedo cumplirlo: Mi vida aquí y ahora.

Viajes solidarios

A través del portal Mujeres Viajeras (del que hablaré en otro post más adelante) he conocido una curiosa agencia de viajes solidarios: Riki Tiki Tavi. La idea es la misma que la del Comercio Justo: Turismo Justo y Responsable, en el que cada una de las personas que nos reciben en el país de destino cobran un salario digno y no son explotados y en el que además podemos conocer la cultura de ese país de la mano de sus habitantes, e incluso podemos involucrarnos en algún proyecto como voluntarios. Como dicen en la web de Riki Tiki Tavi, un viaje solidario no es más barato, ni más caro, que otro tipo de viaje, pero es un viaje en el que además de que se beneficie el turista y una empresa, se benefician las personas de los lugares a los que vamos. A mí la idea me parece fantástica y ojalá todo el mundo viajara de esta manera. He visto, además, que tienen un ruta por Nicaragua que os copio aquí, para ir abriendo boca ahora que se acercan las vacaciones:

En este viaje se incluyen dos proyectos de turismo comunitario y uno, directamente solidario. Los dos primeros son cooperativas de agricultores que se han unido para poder cultivar sus tierras y sacar el beneficio mediante cooperativas, y nos invitan a enseñarnos su cocina, sus costumbres y su alegre y tranquila forma de vida. El tercero es una pequeña fundación que se encuentra en Matagalpa y se ocupa de dar de comer a los niños que no pueden pagar una vez al día. También proporcionan asistencia médica en la medida de lo posible. Nos quedaremos a comer un día con ellos. Nuestra reserva contiene el pago de unas cinco comidas para los niños. Es un centro alegre en dónde nos recibirán no sólo con los brazos abiertos, sino también con algún pelotazo del más travieso….

Durante la ruta vamos a caminar por los cafetales, por los caminos que se utilizaban entre los pueblos para llevar el café, vamos a tener la oportunidad de ir al volcán de cerro negro y de montar a caballo en una finca. Visitaremos fuentes de lodo caliente del volcán, nos quedaremos con las familias de la cooperativa de San Ramón, visitaremos la ciudad de Granada, el lago Cocibolca en barco, mercados de artesania, incluso podremos tomar parte de un cursillo de bailes regionales con las personas de allá…

Yo he estado dos veces en Nicaragua y lo cierto es que los paisajes son espectaculares y las personas de allí también siempre me han tratado muy bien. Lo que peor llevaba era el calor y la humedad del 90%, pero al final te terminas acostumbrando. Granada es una ciudad preciosa, llena de talleres artísticos y mucha actividad cultural. Es como un paraíso en mitad del país, junto a un lago tan grande como el País Vasco entero y con unos volcanes de paisaje de fondo increíbles. En fin, que os lo recomiendo, sin duda.

Historia de los libros de mi estantería (I)

Cuando voy a casa de otras personas (amigos o no) lo primero que hago, casi instintivamente, es leer los títulos de los libros que tienen en las estanterías. Siempre pienso que los libros dan una idea aproximada de cómo es esa persona.

Además de eso, detrás de cada libro hay una historia -a veces mucho más interesante que el propio libro- y ahora, mirando la primera balda de la estantería de mi salón, en la que no hace mucho coloqué sin mucho orden los libros que tenía por ahí tirados (en el baño, encima del microondas, en el suelo del salón, sobre la caja de herramientas…), he pensado que podría escribir la historia de esos libros.

En orden de izquierda a derecha:

La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, de Stieg Larson.
No lo he leído. Se lo dejó olvidado sobre una caja de revistas una amiga mía. Algún día se lo llevará, no creo que yo lo lea mientras tanto.

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Turisme a prop de Barcelona 2008.
Es una pequeña guía que me trajo mi guapa para llevarme de excursión por ahí, aunque al final no hemos ido.

Sputnik, mi amor, de Haruki Murakami (en inglés).
Se lo dejó aquí mi amiga Silvia, que vive en Londres y es mitad japonesa mitad catalana; en ese momento acababa de descubrir a Murakami y estaba fascinada. Como había terminado el libro, me lo dejó a mí, aunque yo ya lo había leído tiempo atrás en castellano.

Soy una caja, de Natalia Carrero.
Este libro me llegó dentro de una caja de cartón… por correos. Fue un regalo de Patricia y Elena, con quienes me intercambio libros por vía postal de vez en cuando, como si fuera un pequeño club de lectura privado. Lo leí, me pareció interesante, pero no tanto como a ellas, y además, fue eclipsado por la lectura de “Los cuidados de Julia”.

El cantar de los cantares, de José Emilio Pacheco (poesía).
Apareció por sorpresa dentro de mi bolsa cuando compré “Los cuidados de Julia” en la librería Taifa. Los poemas no me gustan demasiado, pero es una edición muy curiosa, de visor libros en miniatura (“Edición de 300 ejemplares no venales, destinada a los amigos de la Colección Visor de Poesía, realizados con motivo de la celebración de las Navidades de 2008”). Es la segunda vez que un libro se me cuela dentro de la bolsa en esa librería.

El festín de Babette, de Isak Dinesen.

Es una edición ilustrada por Noemí Villamuza, que es una de las ilustradoras preferidas de mi guapa. El ejemplar que tengo fue un regalo de mi amiga Marta, pero ya había leído el libro antes en casa de mi guapa.

Desalojos, de Miriam Reyes (poesía).
Comprado en la librería Las Heras en Soria. En esta librería inevitablemente siempre termino comprando libros de poesía editados por Hiperión.

Mística abajo, de Andrés Neuman
(poesía).
Otro de los autores “Hiperión”, aunque en este caso está editado por El acantilado. Neuman es de los que hay que leer por lo menos una vez. Por cierta asociación de ideas, siempre me recuerda a “mi” secretario, Abel.

Mirall trencat, de Mercè Rodoreda.
Un clásico imprescindible de las letras catalanas, que he tenido la suerte de poder leer en original Impresionante. Este ejemplar en cuestión -ya lo he contado alguna otra vez-, me lo trajo directamente en mano la librera, que además luego me acompañó a una ferretería.

El amor es un juego solitario, de Esther Tusquets.
Lo compré en Vitoria, por ser el tercer libro de la trilogía iniciada con “El mismo mar de todos los veranos” que fue un libro que me impactó muchísimo en su día. Sin embargo el resto de la trilogía ya no me gustó tanto.

Sociedad y violencia en Portugalete (1550-1853), de Luis María Bernal Serna.
Este es el primer libro publicado por un amigo mío, historiador. Me lo regaló un día en Vitoria. Siempre me recuerda la historia de “la charla voladora”: los papeles en los que había preparado su primera conferencia, salieron volaron en la estación de tren y tuvo que improvisarla.

Entre visillos, de Carmen Martín Gaite.
Lo compré una tarde mágica en una librería de viejo, aunque no lo leí hasta mucho tiempo después, cuando dejé Consumer y comencé a leer de nuevo. Me gustó, pero no es mi Gaite preferida.

Continuará…