Cuando yo escribía como Paul Auster

Me daba tiempo a perder en una sola mañana un vuelo y un mapamundi. Buscaba una zapatería en mi antiguo barrio, me probaba zapatos de colores y todos me quedaban grandes. Cargaba una mochila grande y todo el mundo era amable. Volvía una semana después, siguiendo la pista de ese mapamundi viajero, para no encontrarlo, y que sin embargo me llevara hasta la librería del mismísimo señor Koreander. Me encontraba con una librera que había hecho el camino inverso al mío. Saltaba a mis manos un libro mágico: “La novela del Genji“. Tocaba el timbre de mi antigua casa, me abrían y terminaba sentada en la que fue mi cama. Conversaba mucho con una chica de ojos brillantes y azules. Volvía contenta a mi casa, recibía un mail inesperado y respondía aún más contenta. Y todo eso lo escribía, y había quien se preguntaba si mi relato no sería una gran ficción, una novela al estilo Paul Auster.

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