Viajes por la memoria

Resulta que hace poco se me ocurrió presentarme a un concurso de relatos de viajes y he terminado siendo finalista, por lo que mi relato se publicará en un libro (yo lo que quería de verdad era ganar el tercer premio, que eran unas botas de monte y una mochila Panama Jack). La organizadora del asunto me preguntó por mail si yo era una viajera y si me interesaba colaborar en el portal Mujeres Viajeras. Le contesté que no, que yo sólo era periodista. El caso es que con todo esto me he puesto a pensar en mis viajes anteriores, en las personas que encontré en ellos. Incluso he revisado ciertos posts que en su día borré de uno de mis blogs (aunque guardé en el disco duro). Me he encontrado una historia que parece que no haya vivido yo, que sea una película. El último de esos posts decía: “Pero no debo ceder a la nostalgia de una memoria que a veces pienso que me estoy inventado”.

Y el primero de ellos escrito a mi vuelta a Barcelona terminaba así: “Quiero mi vida aquí y ahora. No quiero volver a cruzar océanos.” Sólo ahora, con mi guapa, puedo cumplirlo: Mi vida aquí y ahora.

Viajes solidarios

A través del portal Mujeres Viajeras (del que hablaré en otro post más adelante) he conocido una curiosa agencia de viajes solidarios: Riki Tiki Tavi. La idea es la misma que la del Comercio Justo: Turismo Justo y Responsable, en el que cada una de las personas que nos reciben en el país de destino cobran un salario digno y no son explotados y en el que además podemos conocer la cultura de ese país de la mano de sus habitantes, e incluso podemos involucrarnos en algún proyecto como voluntarios. Como dicen en la web de Riki Tiki Tavi, un viaje solidario no es más barato, ni más caro, que otro tipo de viaje, pero es un viaje en el que además de que se beneficie el turista y una empresa, se benefician las personas de los lugares a los que vamos. A mí la idea me parece fantástica y ojalá todo el mundo viajara de esta manera. He visto, además, que tienen un ruta por Nicaragua que os copio aquí, para ir abriendo boca ahora que se acercan las vacaciones:

En este viaje se incluyen dos proyectos de turismo comunitario y uno, directamente solidario. Los dos primeros son cooperativas de agricultores que se han unido para poder cultivar sus tierras y sacar el beneficio mediante cooperativas, y nos invitan a enseñarnos su cocina, sus costumbres y su alegre y tranquila forma de vida. El tercero es una pequeña fundación que se encuentra en Matagalpa y se ocupa de dar de comer a los niños que no pueden pagar una vez al día. También proporcionan asistencia médica en la medida de lo posible. Nos quedaremos a comer un día con ellos. Nuestra reserva contiene el pago de unas cinco comidas para los niños. Es un centro alegre en dónde nos recibirán no sólo con los brazos abiertos, sino también con algún pelotazo del más travieso….

Durante la ruta vamos a caminar por los cafetales, por los caminos que se utilizaban entre los pueblos para llevar el café, vamos a tener la oportunidad de ir al volcán de cerro negro y de montar a caballo en una finca. Visitaremos fuentes de lodo caliente del volcán, nos quedaremos con las familias de la cooperativa de San Ramón, visitaremos la ciudad de Granada, el lago Cocibolca en barco, mercados de artesania, incluso podremos tomar parte de un cursillo de bailes regionales con las personas de allá…

Yo he estado dos veces en Nicaragua y lo cierto es que los paisajes son espectaculares y las personas de allí también siempre me han tratado muy bien. Lo que peor llevaba era el calor y la humedad del 90%, pero al final te terminas acostumbrando. Granada es una ciudad preciosa, llena de talleres artísticos y mucha actividad cultural. Es como un paraíso en mitad del país, junto a un lago tan grande como el País Vasco entero y con unos volcanes de paisaje de fondo increíbles. En fin, que os lo recomiendo, sin duda.

Historia de los libros de mi estantería (I)

Cuando voy a casa de otras personas (amigos o no) lo primero que hago, casi instintivamente, es leer los títulos de los libros que tienen en las estanterías. Siempre pienso que los libros dan una idea aproximada de cómo es esa persona.

Además de eso, detrás de cada libro hay una historia -a veces mucho más interesante que el propio libro- y ahora, mirando la primera balda de la estantería de mi salón, en la que no hace mucho coloqué sin mucho orden los libros que tenía por ahí tirados (en el baño, encima del microondas, en el suelo del salón, sobre la caja de herramientas…), he pensado que podría escribir la historia de esos libros.

En orden de izquierda a derecha:

La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, de Stieg Larson.
No lo he leído. Se lo dejó olvidado sobre una caja de revistas una amiga mía. Algún día se lo llevará, no creo que yo lo lea mientras tanto.

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Turisme a prop de Barcelona 2008.
Es una pequeña guía que me trajo mi guapa para llevarme de excursión por ahí, aunque al final no hemos ido.

Sputnik, mi amor, de Haruki Murakami (en inglés).
Se lo dejó aquí mi amiga Silvia, que vive en Londres y es mitad japonesa mitad catalana; en ese momento acababa de descubrir a Murakami y estaba fascinada. Como había terminado el libro, me lo dejó a mí, aunque yo ya lo había leído tiempo atrás en castellano.

Soy una caja, de Natalia Carrero.
Este libro me llegó dentro de una caja de cartón… por correos. Fue un regalo de Patricia y Elena, con quienes me intercambio libros por vía postal de vez en cuando, como si fuera un pequeño club de lectura privado. Lo leí, me pareció interesante, pero no tanto como a ellas, y además, fue eclipsado por la lectura de “Los cuidados de Julia”.

El cantar de los cantares, de José Emilio Pacheco (poesía).
Apareció por sorpresa dentro de mi bolsa cuando compré “Los cuidados de Julia” en la librería Taifa. Los poemas no me gustan demasiado, pero es una edición muy curiosa, de visor libros en miniatura (”Edición de 300 ejemplares no venales, destinada a los amigos de la Colección Visor de Poesía, realizados con motivo de la celebración de las Navidades de 2008″). Es la segunda vez que un libro se me cuela dentro de la bolsa en esa librería.

El festín de Babette, de Isak Dinesen.

Es una edición ilustrada por Noemí Villamuza, que es una de las ilustradoras preferidas de mi guapa. El ejemplar que tengo fue un regalo de mi amiga Marta, pero ya había leído el libro antes en casa de mi guapa.

Desalojos, de Miriam Reyes (poesía).
Comprado en la librería Las Heras en Soria. En esta librería inevitablemente siempre termino comprando libros de poesía editados por Hiperión.

Mística abajo, de Andrés Neuman
(poesía).
Otro de los autores “Hiperión”, aunque en este caso está editado por El acantilado. Neuman es de los que hay que leer por lo menos una vez. Por cierta asociación de ideas, siempre me recuerda a “mi” secretario, Abel.

Mirall trencat, de Mercè Rodoreda.
Un clásico imprescindible de las letras catalanas, que he tenido la suerte de poder leer en original Impresionante. Este ejemplar en cuestión -ya lo he contado alguna otra vez-, me lo trajo directamente en mano la librera, que además luego me acompañó a una ferretería.

El amor es un juego solitario, de Esther Tusquets.
Lo compré en Vitoria, por ser el tercer libro de la trilogía iniciada con “El mismo mar de todos los veranos” que fue un libro que me impactó muchísimo en su día. Sin embargo el resto de la trilogía ya no me gustó tanto.

Sociedad y violencia en Portugalete (1550-1853), de Luis María Bernal Serna.
Este es el primer libro publicado por un amigo mío, historiador. Me lo regaló un día en Vitoria. Siempre me recuerda la historia de “la charla voladora”: los papeles en los que había preparado su primera conferencia, salieron volaron en la estación de tren y tuvo que improvisarla.

Entre visillos, de Carmen Martín Gaite.
Lo compré una tarde mágica en una librería de viejo, aunque no lo leí hasta mucho tiempo después, cuando dejé Consumer y comencé a leer de nuevo. Me gustó, pero no es mi Gaite preferida.

Continuará…

Los derechos del lector

Lo acabo de leer en un suplemento de La Vanguardia. La cita es del escritor francés Daniel Pennac:

El lector tiene derecho

1) A no leer

2) A saltarse las páginas

3) A no terminar un libro

4) A releer

5) A leer cualquier cosa

6) Al bovarismo (enfermedad de transmisión textual)

7) A leer en cualquier sitio

8 ) A hojear

9) A leer en voz alta

10) A callarse

Editorial “Ya lo dijo Casimiro Parker”

Os transmito un mensaje que me ha llegado de una nueva editorial pequeña, “Ya lo dijo Casimiro Parker” y os animo a ir, yo me pasaré por allí, con lo que cuesta montar estos proyectos independientes hay que apoyarlos todo lo posible.

El 6 de febrero, viernes, a las 19h, Óscar Aguado presentará su poemario “Canción de cuna para un héroe” en Barcelona, en el Raval:  calle riereta nº 7. Metros: Sant Antoni (l2) o Liceu (l3)

La entrada es gratis y el local es precioso :)

Ver películas gratis (y legales) en Internet

Tendría que escribir un post sobre las muchas cosas que me están pasando, principalmente que dejo el trabajo que nada tiene que ver conmigo (algunos amigos han protestado porque les parecía de lo más pintoresca mi actividad y eso siempre da puntos en las conversaciones)  y que empiezo uno nuevo que promete ser muy interesante y que sí tiene que ver conmigo.

Sin embargo, escribo este post para recomendaros un artículo que acabo de leer en Consumer.es Eroski (aunque ya no trabaje allí, han sido muchos años, y la sigo teniendo como página de inicio). En este artículo se ofrecen enlaces y pistas muy interesantes para ver películas gratis en internet en streaming, de forma totalmente legal.

Ver gratis películas en internet

Presentación del segundo poemario de Arantza Larrauri

Fecha: 27 de Noviembre, jueves
Lugar: Casa del Libro (calle Paseo de Gracia nº62, Barcelona)
Hora: 19:30

Mi guapa me ha comprado un carrito nuevo precioso, con el que aprovecharé para llevar revistas a esta presentación, así que os animo a todos los que queráis ver el nuevo número de Iguazú y el nuevo carrito de la editora a que os paséis por la presentación del libro de Arantza Larrauri, que es una de las colaboradoras de la revista

Las peluquerías y yo

Siempre había querido escribir un post explicando mi relación con las peluquerías y ese lenguaje tan extraño de las peluqueras que nunca entiendo, pero la genial Anticolometa se me ha adelantado y la verdad es que no puedo añadir nada más: Recomiendo leer su post “¿Ir a la peluquería es un deporte de riesgo?”

La casa de Carmen Martín Gaite, El Boalo

 Elenita me acaba de enviar las fotos que sacó el día en el que nos encontramos a Ana Martín Gaite en el autobús y nos invitó a enseñarnos su casa. De dentro no sacamos ninguna foto, estas son de la finca a la que pertenece la casa, y la última soy yo con la hermana de la Gaite. Están hechas con el móvil, así que no tienen demasiada calidad…

Árboles de la finca. Ana se disculpaba todo el rato porque habiamos llegado justo después de que los podaran, y no los veiamos en su máximo explendor

Árboles de la finca. Ana se disculpaba todo el rato porque habíamos llegado justo después de que los podaran, y no los veíamos en su máximo explendor

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Parte trasera de la casa de Carmen Martín Gaite en El Boalo, Madrid

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Dólmenes y menhires que la Gaite colocaba a su gusto frente a su casa

 

 

Más paisaje alucinante junto a la casa de Carmen Martin Gaite

Más paisaje alucinante junto a la casa de Carmen Martín Gaite

 

 

Ana Martin Gaite y la editora con carrito, diciéndonos "lo raro es vivir"

Ana Martín Gaite y la editora con carrito, diciéndonos, "lo raro es vivir"

Post matutino incompleto

Afuera hace mucho viento. Los áticos a veces parecen barcos azotados por la marea. Ahora todas las mañanas me levanto, me ducho, me visto y me tomo un té. En este orden. No siempre fue así. Antes me levantaba, me conectaba al ordenador, me ponía a trabajar, me tomaba un té, paraba un poco, me duchaba, me ponía otro pijama, picaba de una bolsa de patatas, seguía trabajando, ponía una lavadora, atendía más tareas, colgaba la ropa, comía un sandwich delante del ordenador… Ahora mientras tomo el te por las mañanas miro por la ventana. Mi terraza se asemeja a los restos de un naufragio: la lona que protege los muebles quizás salga volando un día de estos, la barbacoa no siempre se mantiene en pie y las macetas con mis intentos de cultivar flores siempre acaban en el suelo. 

Si sigo escribiendo perderé el tren. Ir a una oficina todos los días quizás sea lo más raro que he hecho hasta ahora. Me gusta más de lo que pensaba, sin embargo. Separar trabajo y vida. Marcar fronteras claras, aunque suponga llevar las vidas paralelas de las que hablaba antes. Estos pequeños momentos por la mañana, la obligación de salir de casa y aparcar la colección de pijamas. Los mensajes de buenos días y el tratrikiteo del tren.

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